Recuerdos del desarrollo de mi mente y de mi carácter
Charles Darwin, 1887
Su padre le auguraba que sería la vergüenza de la familia, y sus maestros lo tenían por un chico por debajo de la media. A los sesenta y siete años, Charles Darwin analizó con honestidad cómo aquel chico llegó a escribir «El origen de las especies». Descubrirás qué costumbres consideraba las más importantes, qué regla lo salvaba de engañarse a sí mismo y qué precio pagó por su éxito.
Para quién es
Para quien se considera una persona corriente y quiere entender de qué nace en realidad una gran obra. Y para cualquiera que tenga curiosidad por saber cómo pensaba Darwin.
He trabajado tanto y tan bien como he podido, y nadie puede hacer más que eso.
La vergüenza de toda la familia
«No te interesa nada más que la caza, los perros y cazar ratas, y serás una vergüenza para ti y para toda tu familia». Eso le dijo una vez su padre al colegial Charles Darwin. Los maestros estaban de acuerdo: el chico les parecía de lo más corriente, incluso un poco por debajo de la media en inteligencia. Darwin recordó esas palabras toda la vida, aunque añadió que su padre, el hombre más bondadoso del mundo, las dijo en un arrebato y no del todo con justicia.
A finales de mayo de 1876, a los sesenta y siete años, Darwin empezó a escribir sus recuerdos. Casi todos los días les dedicaba una hora después de comer. Los escribía para sus hijos y nietos: a él mismo le habría interesado muchísimo leer aunque fuera un esbozo breve y aburrido de cómo pensaba y trabajaba su abuelo. Y decidió mirar su vida como si ya hubiera muerto y la contemplara desde otro mundo.
Darwin no se alaba, sino que analiza su vida como un científico analiza un hallazgo. ¿Cómo una persona con unas capacidades modestas, según su propia valoración, logró cambiar lo que los científicos pensaban sobre cuestiones importantes? Repasa todo lo que le ayudó: la pasión, los maestros, un largo viaje, sus costumbres de trabajo, la paciencia y la honestidad con los hechos. Y nombra el precio del que normalmente no se habla.
Recorre este camino con él, desde un escarabajo en la boca hasta el libro «El origen de las especies». Empecemos por la escuela, que para Darwin fue un simple vacío.
La escuela fue un vacío, los escarabajos no
Darwin estudió en la escuela de Shrewsbury, donde casi solo se enseñaban lenguas antiguas. Cada mañana, mientras duraba el oficio en la capilla, se aprendía de memoria entre cuarenta y cincuenta versos latinos o griegos, y dos días después no recordaba ni uno. «Como medio de educación, aquella escuela fue para mí simplemente un vacío», recordaba.
La verdadera educación ocurría en otro sitio. Su hermano mayor montó un laboratorio de química en el cobertizo del jardín, y Charles le ayudaba, a menudo hasta muy tarde. Según Darwin, fue lo mejor que le dio su época escolar: vio por primera vez en la práctica qué es la ciencia experimental. Los chicos lo apodaron Gas, y el director lo reprendió en público por perder el tiempo en ocupaciones inútiles.
Después vino Edimburgo, adonde su padre lo mandó a estudiar medicina. Las clases eran insoportablemente aburridas, y de dos operaciones Darwin salió huyendo antes de que terminaran. Revivió en Cambridge, donde cazaba escarabajos. Una vez arrancó la corteza vieja de un árbol, vio dos escarabajos raros y cogió uno con cada mano. Entonces apareció un tercero, de una especie nueva, y no podía dejarlo escapar. Darwin se metió un escarabajo en la boca; el bicho soltó un líquido acre que le quemó la lengua. Perdió a los dos: el que tenía en la boca y el tercero.
Mirando atrás, Darwin solo encontró en el colegial que fue tres cualidades esperanzadoras: aficiones fuertes y variadas, un gran entusiasmo por todo lo que le interesaba y un placer intenso al entender cosas complicadas. Ninguna de ellas se medía con notas. Ese fuego no se enciende con un horario: prende allí donde a uno le interesa algo por sí mismo, no donde le han puesto deberes.
El error del director es fácil de repetir hoy: llamar pérdida de tiempo a la pasión propia o ajena. Lo que sigue ya es una propuesta de Livria, no un consejo de Darwin. Fíjate en qué ocupación te hace olvidar el tiempo, hasta el punto de que podrías seguir con ella hasta muy tarde, como él en el cobertizo con su hermano. Quizá sea justo ahí donde está ocurriendo ahora tu verdadero aprendizaje.
Sobre el autor
Charles Darwin (1809–1882), naturalista inglés, autor de la teoría de la evolución por selección natural. Escribió sus recuerdos en 1876 para sus hijos, y se publicaron después de su muerte, en 1887.
Todos los libros del autor: Charles Darwin
Conceptos del libro
- FitzRoy
- Beagle
- naturalista
- Malthus
- selección natural
- Wallace
- Lyell
- Huxley
- Shakespeare
- El origen de las especies: El libro principal de Darwin, publicado en 1859. En él demostraba que las especies de seres vivos cambian poco a poco y descienden de antepasados comunes.
- Shrewsbury: Antigua ciudad del oeste de Inglaterra donde Darwin nació y fue a la escuela.
- Henslow: John Stevens Henslow, profesor de botánica en Cambridge, maestro y amigo de Darwin. De él llegó la carta con la propuesta de embarcarse en el viaje.
- Sedgwick: Adam Sedgwick, profesor de geología en Cambridge. En el verano de 1831 estudió las rocas antiguas del norte de Gales y se llevó consigo a Darwin.
- Cwm Idwal: Valle de montaña del norte de Gales. En sus laderas se ven bien las huellas de un antiguo glaciar: rocas rayadas y cordones de piedras.
- Wedgwood: Josiah Wedgwood, tío de Darwin, hijo del fundador de la fábrica de cerámica «Etruria». En su finca Darwin iba a menudo de caza.
- Santiago: Isla del archipiélago de Cabo Verde, frente a la costa occidental de África. Allí Darwin hizo geología por primera vez durante el viaje.
- Hooker: Joseph Dalton Hooker, botánico inglés, amigo de Darwin. Junto con Lyell lo convenció de publicar un fragmento de su manuscrito al lado del artículo de Wallace.
- Glen Roy: Valle de Escocia conocido por unas franjas regulares en sus laderas que parecen caminos. Agassiz las explicó como orillas de un lago que cerraba un glaciar, y Darwin tuvo que renunciar a su explicación marina.
- Agassiz: Louis Agassiz, naturalista que estudiaba los glaciares. Su teoría del lago glaciar obligó a Darwin a renunciar a su explicación de Glen Roy.
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