Teoría de la clase ociosa
Thorstein Veblen, 1899
¿Por qué la gente acepta pasar frío con tal de parecer decente, y por qué un aumento de sueldo alegra solo unos pocos meses? En 1899, el economista estadounidense Thorstein Veblen lo explicó con una sola regla: el respeto se concede solo a partir de pruebas, y la prueba más convincente de la riqueza es el derroche. Verás cómo esta regla dirige nuestros gastos, nuestro gusto y la moda, y aprenderás a reconocerla en tus propias compras.
Para quién es
Para quien quiere entender por qué los gastos nuevos dejan de alegrar tan rápido, de dónde viene la vergüenza ante lo «barato» y por qué es tan difícil salir de la carrera por la aprobación ajena.
Para ganar y conservar el respeto de los demás no basta con poseer riqueza o poder. Hay que mostrarlos, porque el respeto se concede solo a partir de pruebas.
Pasar frío, pero parecer decente
Thorstein Veblen notó algo que todos pasan por alto sin pensarlo. En los climas fríos, la gente a menudo sale vestida sin tener en cuenta el tiempo. Pasa frío, pero parece bien vestida. Para verse bien vestidos, aceptan helarse, y casi nadie lo encuentra extraño.
Veblen, economista estadounidense, se hizo en 1899 una pregunta sencilla: ¿para qué sirven unos gastos que no hacen la vida ni más cálida ni más cómoda? Miraba su sociedad como un antropólogo mira una tribu ajena: las cucharas de plata, los céspedes, los sombreros de copa, los mayordomos y el latín. Y de cada costumbre preguntaba qué demuestra sobre su dueño.
Su respuesta es la base del libro. El respeto llega a quienes tienen riqueza, pero solo si la riqueza se ve. Y la prueba más convincente de la riqueza es aquello que la persona puede permitirse perder: tiempo y cosas. La clase ociosa, según Veblen, son las personas ricas libres de trabajo útil, y su modo de vida sirve de modelo de decencia para todos los demás.
En este libro verás de dónde viene la vergüenza ante el trabajo sencillo, por qué un sueldo nuevo deja pronto de alegrar, por qué lo caro parece hermoso y por qué a quien le va bien no le hace falta cambiar nada. Veblen escribe con sequedad e ironía, pero sin condenar: explica. Empecemos por cómo el trabajo se volvió humillante.
Por qué el trabajo sencillo se volvió vergonzoso
En muchas tribus de cazadores, escribe Veblen, el hombre no debe cargar a casa la presa que ha matado. Para eso envía a una mujer. Matar a una fiera peligrosa es honroso, y arrastrar la carcasa es humillante. En esta costumbre tan pequeña, Veblen ve una división que ha sobrevivido milenios: hay tareas dignas, como la hazaña, y hay tareas bajas, como la rutina diaria.
El mecanismo lo describe así. Cuando la comunidad empieza a vivir de la guerra y de la caza de grandes animales, recibe prestigio quien ha demostrado su fuerza. El trofeo se convierte en prueba de fuerza. Y el trabajo que no demuestra nada parece cosa de los débiles y de los subordinados. Después entra en juego un atajo mental: si el trabajo es señal de una posición baja, entonces es bajo en sí mismo.
Veblen aporta casos extremos. Los jefes polinesios, según él, preferían pasar hambre antes que llevarse la comida a la boca con sus propias manos. Él añade con honestidad que pudo influir también un tabú sobre el contacto con el jefe. Y de un rey francés se contaba que se sentó junto al fuego hasta quedar tan quemado que ya no se recuperó. Los criados, cuya obligación era apartarle el sillón, no estaban allí, y hacerlo él mismo estaba por debajo de su dignidad.
Toda esta historia de las etapas antiguas sigue siendo, en Veblen, una hipótesis: él mismo reconoce que se apoya más en la psicología que en la etnografía. Pero la huella que señala es fácil de encontrar en uno mismo. Es el asco habitual hacia el trabajo «sucio». Servir, recoger y reparar sigue pareciendo algo indigno, aunque casi nadie sepa explicar por qué.
Conviene notar cuándo renuncias a una tarea no porque sobre, sino porque «no está a tu altura». Detrás de ese sentimiento puede no estar tu propia elección, sino una costumbre muy antigua de distinguir lo honroso de lo bajo.
Sobre el autor
Thorstein Veblen (1857–1929) fue un economista y sociólogo estadounidense, hijo de emigrantes noruegos. «Teoría de la clase ociosa» fue su primer libro y el más conocido: en él introdujo la expresión «consumo ostentoso».
Todos los libros del autor: Thorstein Veblen
Conceptos del libro
- clase ociosa: Concepto de Veblen: las personas a las que la riqueza libera del trabajo productivo y cuyo modo de vida sirve de modelo de decencia para el resto de la sociedad. Es un término de su teoría, no una categoría sociológica estricta.
- emulación pecuniaria: Así llama Veblen la lucha por el respeto mediante la riqueza, en la que no importa cuánto tienes, sino cuánto más o cuánto menos que aquellos con quienes te comparas.
- comparación envidiosa: Término de Veblen: la comparación de personas para ponerlas en una escala de valor: quién está por encima y quién por debajo. El propio autor subraya que usa la palabra en sentido técnico, sin condena.
- Mill: John Stuart Mill (1806–1873), filósofo y economista inglés, autor de los «Principios de economía política». Veblen cita sus palabras según las cuales las máquinas no han aliviado la jornada de trabajo de las personas.
- ociosidad ostentosa: Concepto de Veblen: la demostración de que una persona puede permitirse no hacer un trabajo útil. Aquí la ociosidad no es pereza, sino tiempo gastado sin provecho y a la vista de todos.
- lenguas muertas: Lenguas que ya nadie habla como lengua materna, por ejemplo el latín y el griego antiguo. Para Veblen, saberlas es un testimonio de un tiempo libre de ganarse la vida.
- ociosidad por delegación: Así se traduce en este libro el término de Veblen vicarious leisure: la ociosidad que ejecutan en nombre del amo sus criados o los miembros de su familia, para que le dé prestigio a él.
- instinto de maestría: Concepto de Veblen: la inclinación innata a valorar lo útil y eficaz y a no soportar los esfuerzos inútiles. Para el autor es una fuerza que se opone al derroche ostentoso.
- consumo ostentoso: El concepto más conocido de Veblen: gastos en cosas y servicios cuyo valor principal está en que otros los ven y, por ellos, juzgan la riqueza de su dueño.
- despilfarro ostentoso: Principio general de Veblen: tanto la ociosidad como el consumo dan prestigio porque en ellos hay algo de sobra, un gasto más allá de lo necesario. El autor usa la palabra «despilfarro» como término, no como reproche.
- levita: Chaqueta masculina larga y cruzada, parte obligatoria de un traje decente en el siglo XIX.
Todos los conceptos
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