Psicología y eficiencia en el trabajo
Hugo Münsterberg, 1913
¿Por qué unos conductores de tranvía llevan veinte años sin un solo accidente, mientras otros, igual de aplicados, vuelven a chocar una y otra vez? El psicólogo Hugo Münsterberg llevó la experiencia de laboratorio a la fábrica, la oficina y la publicidad. Es un libro clásico de 1913 sobre cómo encontrar a cada persona su oficio, y a cada oficio las condiciones adecuadas, y sobre dónde están los límites de estas pruebas.
Para quién es
Para quienes eligen un trabajo o contratan a personas, y quieren entender por qué una persona aplicada fracasa en un puesto y florece en otro.
Precisamente quienes menos notan la repetición son los que más la odian.
Un trabajo elegido al azar
Una vez, en Boston, Frank Parsons reunió a todos los chicos de su barrio que terminaban la escuela ese año. Quería conocer sus planes. Resultó que casi no sabían nada del trabajo al que aspiraban, ni de si servían para él. De aquel encuentro nació en 1908 una pequeña oficina en la que cada egresado recibía ayuda para elegir un oficio. Así empezó en Estados Unidos la orientación profesional.
Hugo Münsterberg, psicólogo de Harvard, ve en esta historia un problema de toda la sociedad. Elegir trabajo, escribe, es una de las dos decisiones más importantes de la vida, junto con la elección de pareja, y las personas las toman por azar: por imitación, por el sueldo rápido, por el consejo de alguien o por pereza. Casi nadie conoce bien su atención, su memoria y su voluntad, y sabe todavía menos lo que el trabajo exige desde dentro. Por eso todo el mundo se queja de que no hay buenos trabajadores, aunque muchas veces la gente simplemente no está en el lugar que le corresponde.
En su libro de 1913, Münsterberg propone una ciencia nueva y le pone nombre: «psicotecnia». Debe trasladar la experiencia del laboratorio psicológico a la fábrica, la oficina y la tienda. Él plantea tres preguntas. ¿Cómo encontrar a la persona cuya mente sirve mejor para un oficio? ¿Cómo sacar de cada uno su mejor trabajo? ¿Cómo lograr que los compradores actúen? Y de inmediato pone un límite: el psicólogo dice con qué medios se alcanza un fin, pero es la sociedad la que elige el fin.
Después vendrán conductores de tranvía que no tienen la culpa de los accidentes, oficiales que se pierden al ver un barco en la niebla, una empaquetadora que lleva doce años envolviendo bombillas y no se aburre, y un pequeño anuncio que se recuerda mejor que una página entera.
El conductor de tranvía que no tuvo la culpa del accidente
Los tranvías de las ciudades estadounidenses chocaban tan a menudo que algunas compañías destinaban hasta el trece por ciento de sus ingresos a indemnizar a los heridos. Y las compañías notaron algo extraño. Había conductores que en veinte años casi no tuvieron incidentes: parecía que presentían por dónde iba a cruzar un peatón desorientado. Y había otros, nada descuidados ni infractores, con quienes los accidentes se repetían. Simplemente no tenían ese don de anticipación.
A Münsterberg le pidieron que lo investigara. Primero midió el tiempo de reacción, es decir, qué tan rápido responde una persona con un movimiento a una señal, y no encontró diferencia entre los conductores fiables y los que chocaban. Entonces decidió medir no una capacidad aislada, sino el acto mental completo: cómo el conductor sigue el flujo de personas y vehículos y adivina quién acabará en las vías.
Un modelo de juguete del tranvía no servía, explica. Timoneles que llevaban toda la vida gobernando barcos de verdad se equivocaban en un tribunal marítimo cuando les mostraban una colisión en maquetas. Lo que importa no es el parecido exterior, sino la semejanza interior del estado de ánimo. Por eso la calle se convirtió en una tarjeta: en el centro, un camino con letras de la A a la Z, y a los lados, cifras. El uno representaba a un peatón, el dos a un caballo y el tres a un automóvil, según el número de pasos por turno. Las cifras negras se movían a lo largo del camino, y las rojas hacia él. La persona giraba una manivela, una ventanilla avanzaba por doce tarjetas, y había que decir las letras sobre las que caería una cifra roja. Los conductores experimentados confesaban que se sentían como si estuvieran en la plataforma delantera de su propio vagón.
El resultado se calculaba de forma sencilla: los segundos más diez puntos por cada peligro que se pasaba por alto. Según la estimación de Münsterberg, una prueba de diez minutos eliminaría a alrededor de una cuarta parte de quienes hoy se contratan. Y insiste en que no hay de qué culpar a esas personas: en otro puesto pueden trabajar muy bien.
Si quieres saber si una persona sirve para un oficio, conviene probar en versión simplificada el acto mental principal de ese oficio, y no la semejanza del entorno ni las respuestas de un cuestionario.
Sobre el autor
Hugo Münsterberg (1863-1916) fue un psicólogo alemán, discípulo de Wilhelm Wundt. Por invitación de William James se trasladó a Harvard, dirigió allí un laboratorio de psicología y fue uno de los primeros en aplicar los experimentos psicológicos al trabajo, a los tribunales y al comercio.
Todos los libros del autor: Hugo Münsterberg
Conceptos del libro
- Scott
- Harvard
- Gilbreth
- Parsons: Frank Parsons (1854-1908), profesor y activista social estadounidense. En 1908 abrió en Boston una oficina en la que se ayudaba a los egresados de las escuelas a elegir profesión.
- Orientación profesional: Ayuda para elegir profesión teniendo en cuenta lo que la persona sabe hacer y para qué tiene aptitud, y lo que exige el propio trabajo.
- Psicotecnia: Nombre que Münsterberg dio a la psicología aplicada: usar el conocimiento de la mente con fines prácticos, en el trabajo, el comercio, la escuela y los tribunales.
- Conductor de tranvía: Persona que conduce un tranvía. A comienzos del siglo XX conducía el vagón de pie, desde la plataforma delantera.
- Tiempo de reacción: Tiempo que pasa desde que aparece una señal hasta que respondes con un movimiento, por ejemplo desde un destello de luz hasta que pulsas una palanca. En los laboratorios se medía en milésimas de segundo.
- Puente de mando: La plataforma sobre la cubierta desde la que el oficial de guardia dirige el barco.
- Abbe: Ernst Abbe (1840-1905), físico y óptico alemán, director de la fábrica de óptica Carl Zeiss en Jena. Allí implantó la jornada de ocho horas.
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