Retórica
Aristóteles, 350 a. C.
En Atenas cada ciudadano se defendía a sí mismo ante el tribunal, frente a cientos de conciudadanos. Aristóteles analizó en qué se apoya la persuasión: en el carácter del orador, en los sentimientos del oyente y en el propio argumento. En este libro aprenderás cómo funcionan un argumento sólido, la ira y la compasión, y por qué una frase clara convence mejor que una frase adornada.
Para quién es
Para quienes deben convencer: en el trabajo, en una discusión, ante un público. Y para quienes quieren entender por qué la gente da crédito a unas palabras y no a otras.
Es absurdo avergonzarse de no poder defenderse con el cuerpo, y no avergonzarse de no poder defenderse con la palabra y la razón.
Mañana tendrás que hablar ante cientos de conciudadanos
Imagina la Atenas del siglo IV antes de nuestra era. Un vecino te ha demandado por una deuda o por un pedazo de tierra. No se puede contratar a un defensor: según la costumbre ateniense, cada cual habla por sí mismo. No te escuchará un único juez, sino cientos de ciudadanos comunes, que oirán a ambas partes y votarán ese mismo día. Quien no sabía hablar podía pagar a un logógrafo, que le escribía el discurso. Pero aun así tenía que aprenderlo de memoria y pronunciarlo él mismo.
En esa ciudad aprendió y enseñó durante unos veinte años Aristóteles, discípulo de Platón. Su maestro miraba el arte de la palabra con desconfianza: en el diálogo «Gorgias», la retórica aparece como un oficio inmoral, indigno de una mente seria. Aristóteles lo vio de otra manera. Notó algo curioso. Una persona se avergüenza si no puede defenderse con el cuerpo, pero, por alguna razón, no se avergüenza si no puede defenderse con la palabra. Y es que la palabra razonada es más propia del ser humano que la fuerza de los brazos.
Así nació la «Retórica», un libro con el que polemiza y en el que se apoya toda la teoría posterior de la persuasión. En él casi no hay trucos astutos. Aristóteles pregunta por qué la gente da crédito a unas palabras y no a otras, y descompone la respuesta en partes: quién habla, quién escucha y qué se dice.
Verás de qué depende la confianza en quien habla y por qué un argumento breve es más fuerte que una larga cadena de razonamientos. Sabrás en qué se diferencia un discurso ante un tribunal de uno en una celebración. Entenderás cómo surgen la ira, la calma, el miedo y la compasión. Y al final comprenderás por qué una frase clara convence mejor que una adornada. Empecemos por lo que el propio Aristóteles consideraba la tarea del orador.
La tarea del orador: ver todo aquello con lo que se puede convencer
Aristóteles comienza con una definición, que suena sorprendentemente modesta. Para él, la retórica es la capacidad de encontrar en cada caso lo que en ese caso puede servir para convencer. No es obligatorio convencer, pero sí ver todas las posibilidades. Compara al orador con el médico. La tarea del médico no es devolver la salud plena a cada paciente, sino acercarlo a la salud en la medida de lo posible. Se puede tratar bien incluso a quien nunca se recuperará del todo.
¿Para qué sirve esa habilidad? Aristóteles está seguro de que la verdad y la justicia son, por naturaleza, más fuertes que sus contrarios. Si una causa justa pierde de todos modos, la culpa es de quien la defendió mal. Además, a algunos oyentes no se les puede convencer con un conocimiento exacto: una demostración rigurosa se parece a una lección, y en el tribunal o en la asamblea no hay lugar para lecciones. Por eso hay que hablar en el lenguaje de lo que todos conocen.
Aristóteles divide en tres partes todo lo que convence en el propio discurso. Más tarde se las empezó a llamar con las palabras griegas ethos, pathos y logos.
• El carácter del orador. Confiamos con más gusto y más rápido en las personas honradas, sobre todo allí donde no hay un conocimiento exacto y las opiniones se dividen. Aristóteles considera que el carácter es quizá el más poderoso de los medios de persuasión. Pero con una salvedad importante: la confianza debe crearla el propio discurso, y no la fama con la que la persona sale a hablar.
• El ánimo del oyente. Los sentimientos cambian el juicio. Las personas bien dispuestas piensan sobre el mismo asunto de otra manera que las irritadas.
• El propio argumento. Lo que queda demostrado con las palabras del discurso o lo que parece demostrado.
¿De dónde viene la confianza? Aristóteles lo explica por contraste, a través de los malos consejeros. Unos se equivocan porque les falta sentido común. Otros entienden lo que conviene, pero por mal carácter dicen algo distinto de lo que piensan. Otros, en fin, son inteligentes y honestos, pero no desean el bien de los oyentes y callan lo mejor. Por tanto, en cada discurso el oyente busca sentido común, honradez y buena voluntad. La buena reputación no lo hará por ti: en cada conversación hay que demostrarlos de nuevo.
Sobre el autor
Aristóteles fue un filósofo griego del siglo IV antes de nuestra era, discípulo de Platón y maestro de Alejandro Magno. Fundó en Atenas su escuela, el Liceo, y escribió sobre lógica, naturaleza, ética, política y poesía.
Todos los libros del autor: Aristóteles
Conceptos del libro
- Platón
- Pericles
- Sócrates
- Eurípides
- Logógrafo: En la Atenas antigua, autor que escribía discursos judiciales a cambio de un pago. El litigante aprendía de memoria ese discurso y lo pronunciaba él mismo.
- Gorgias: Famoso orador griego y maestro de elocuencia del siglo V antes de nuestra era. Platón dio su nombre a su diálogo sobre la retórica.
- Retórica: Arte del discurso convincente. Así se llama también el propio libro de Aristóteles.
- Ethos: Palabra griega con la que Aristóteles designa el carácter del orador como medio de persuasión.
- Pathos: Palabra griega para el sentimiento o la vivencia. En Aristóteles, así se llama la persuasión a través del ánimo del oyente.
- Logos: Palabra griega con los sentidos de «palabra», «discurso», «argumento». En Aristóteles, así se llama la persuasión por el propio argumento.
- Entimema: Término de Aristóteles: razonamiento retórico, una conclusión que se apoya en lo que los oyentes ya consideran verdadero.
- Dorieo: Atleta griego de la isla de Rodas, que venció tres veces en los Juegos Olímpicos en el pancracio, mezcla de lucha y pugilato. Aristóteles lo toma como ejemplo en su razonamiento.
- Tirano: En la Grecia antigua, gobernante que se apoderaba del poder en solitario al margen de las leyes de la ciudad. La palabra no siempre significaba crueldad, aunque ese poder a menudo iba acompañado de ella.
- Dionisio: Gobernante del que Aristóteles dice que pide guardaespaldas. Por lo general se piensa en Dionisio el Viejo, que se convirtió en tirano de Siracusa, en Sicilia.
- Pisístrato: Político ateniense del siglo VI antes de nuestra era. Después de que sus conciudadanos le dieron una guardia, se apoderó del poder y se convirtió en tirano de Atenas.
- Teágenes: Tirano de la ciudad de Mégara en el siglo VII antes de nuestra era.
- Mégara: Ciudad griega situada entre Atenas y Corinto.
- Darío: Darío I, rey persa de los siglos VI y V antes de nuestra era. Bajo su mando los persas emprendieron por primera vez una guerra contra Grecia.
- Jerjes: Rey persa, hijo de Darío. En el año 480 antes de nuestra era invadió Grecia.
- Estesícoro: Poeta griego de los siglos VII y VI antes de nuestra era, que vivió en Sicilia.
- Hímera: Ciudad griega en la costa norte de Sicilia.
- Fálaris: Tirano de la ciudad siciliana de Acragante en el siglo VI antes de nuestra era, conocido por su crueldad.
- Escitas: Pueblos nómadas que vivían en la antigüedad en las estepas al norte del mar Negro. Los griegos los consideraban, ante todo, guerreros valientes.
- Filócrates: Político ateniense del siglo IV antes de nuestra era, que negoció la paz con Filipo de Macedonia.
- Ergófilo: General ateniense del siglo IV antes de nuestra era, juzgado por sus conciudadanos. Aristóteles cita su caso como ejemplo de cómo se apaga la ira.
- Calístenes: General ateniense al que sus conciudadanos condenaron a muerte. No es el Calístenes, pariente de Aristóteles, que acompañó a Alejandro Magno.
- Amasis: Faraón egipcio del siglo VI antes de nuestra era. Aristóteles cuenta de él una tradición que transmite con la palabra «dicen».
- Teodoro: Célebre actor trágico del siglo IV antes de nuestra era.
- Alcidamante: Orador griego y maestro de elocuencia del siglo IV antes de nuestra era, discípulo de Gorgias.
- Metáfora: Traslado del nombre de un objeto a otro por semejanza, por ejemplo «primavera» en el sentido de «juventud».
- Egina: Isla del golfo cerca de las costas del Ática, no lejos de Atenas. En el siglo V antes de nuestra era rivalizó con Atenas en el mar.
- Pireo: Puerto principal de Atenas.
Todos los conceptos
Libros similares
Leer en Livria