Biología del deseo: Por qué la adicción no es una enfermedad
Marc Lewis, 2015
¿Por qué es tan difícil dejar una adicción, incluso cuando la persona ve con sus propios ojos que la está destruyendo? El neurocientífico Marc Lewis, que en su juventud fue adicto a los opiáceos, discute la idea habitual de que se trata de una enfermedad crónica del cerebro. En su opinión, la adicción es aprendizaje, muy profundo y rápido, y lo pone en marcha un deseo intenso. A través de cinco historias reales verás qué ocurre entonces en el cerebro y entenderás por qué, según Lewis, la adicción no se cura, sino que se deja atrás al crecer.
Para quién es
Para quien quiere entender por qué una persona vuelve una y otra vez a lo que la destruye. Y para quien ha visto la adicción de cerca o ha notado cómo un hábito se impone, y quiere entenderlo sin etiquetas.
Los mismos cambios cerebrales que se ven en la adicción aparecen cuando las personas se apasionan por el deporte, se unen a un movimiento político o pierden la cabeza por la persona amada o por sus hijos.
El científico que estuvo al otro lado
Mediados de los setenta, Toronto. Un joven llega para estudiar psicología y trae consigo una adicción a los opiáceos que empezó en sus años de estudiante en Berkeley. Vendrán robos, inyecciones y problemas con la ley. Cada vez lo atrae más aquello que cada vez odia más. A los treinta años lo deja, y después se convierte en profesor de psicología del desarrollo y en neurocientífico.
Ese hombre se llama Marc Lewis. En 2015 publicó un libro con un subtítulo provocador: «Por qué la adicción no es una enfermedad». En él discute la postura que comparten muchos médicos y el principal instituto estadounidense dedicado al estudio de las drogas: que la adicción es una enfermedad crónica del cerebro que a veces remite y a veces vuelve.
La idea de Lewis es otra. La adicción, en su opinión, es aprendizaje. El cerebro hace aquello para lo que está hecho: busca lo que le trae alivio y placer, y afianza el camino hacia ello. Solo que en la adicción ese aprendizaje es especialmente profundo y rápido, porque lo impulsa un deseo intenso.
Lewis no lo demuestra solo con imágenes del cerebro. Cuenta cinco historias reales: las de Natalie, Brian, Donna, Johnny y Alice. Cada una de estas personas llegó muy lejos en la adicción, y cada una salió de ella. Verás qué pasa en el cerebro en cada paso de ese camino y por qué, según Lewis, salir de la adicción no se parece a curarse, sino a madurar.
Una enfermedad descubierta en las imágenes del cerebro
En Estados Unidos, los años noventa fueron declarados oficialmente la década del cerebro. Aparecieron aparatos que muestran qué zonas del cerebro están trabajando en cada momento, y los científicos empezaron a comparar el cerebro de personas con y sin adicción. Encontraron diferencias: el sistema de recompensa funciona de otra manera, y hay menos materia gris en las zonas que se encargan del autocontrol.
De esas imágenes nació una conclusión de peso. El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos, el NIDA, declaró la adicción una enfermedad cerebral crónica y recidivante. Su directora, Nora Volkow, considera que esta visión ayuda a combatir el estigma: es más difícil juzgar a alguien que está enfermo.
Lewis no discute las imágenes en sí. El cerebro con adicción sí cambia, admite. La discusión es otra: cómo entender esos cambios. Si el cerebro se ha vuelto distinto, ¿significa eso que está enfermo? Lewis responde que no, porque el cerebro cambia con cualquier experiencia intensa.
Aún más importante para él es el precio de la etiqueta. Una enfermedad crónica, por definición, no tiene cura: se puede mantener bajo control, pero no desaparece. Quien se convence de que está enfermo para siempre puede dejar de creer que es capaz de cambiar algo por sí mismo.
Sobre el autor
Marc Lewis es un neurocientífico y psicólogo del desarrollo canadiense. Durante muchos años dio clases en la Universidad de Toronto y en la Universidad Radboud, en los Países Bajos. En su juventud fue adicto a los opiáceos, lo dejó a los treinta años y después dedicó dos libros a la ciencia de la adicción.
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