El gran simulador. La misión encubierta que cambió nuestra idea de la locura
Susannah Cahalan, 2019
En 1973, ocho personas sanas dijeron oír voces, y a todas las ingresaron en hospitales psiquiátricos. El artículo de David Rosenhan sobre aquella experiencia sacudió la psiquiatría. La periodista Susannah Cahalan, a la que casi diagnosticaron una enfermedad mental, se propuso encontrar a los protagonistas del experimento y descubrió que en la famosa historia muchas cosas no cuadran con los documentos.
Para quién es
Para quienes quieren entender cómo se hacen los diagnósticos psiquiátricos y por qué es tan difícil estar seguro de ellos. Y para todos los que disfrutan de una buena investigación y quieren saber cómo poner a prueba las historias científicas famosas.
Nunca somos una sola cosa: los locos no siempre están locos, y los cuerdos no siempre son sensatos.
El mes que no recuerda
En 2009, Susannah Cahalan tenía veinticuatro años y trabajaba como reportera en el New York Post. Primero el mundo empezó a parecerle demasiado brillante y ruidoso. Después llegaron la paranoia, el insomnio y las alucinaciones, y luego crisis en las que gritaba y forcejeaba. Los médicos lo atribuyeron, uno tras otro, al cansancio, a las fiestas y a la abstinencia de alcohol, y un psiquiatra sospechó un trastorno bipolar. Más tarde llegó otro diagnóstico: trastorno esquizoafectivo.
La salvó el neurólogo Souhel Najjar. Dio con la verdadera causa: una encefalitis en la que el sistema inmunitario ataca al propio cerebro. Cahalan recuerda que, mientras tuvo un diagnóstico psiquiátrico, la trataban con distancia, como si la culpa fuera suya. En cuanto se reconoció que la enfermedad era neurológica, la atención mejoró de forma notable. Sobre esto escribió su primer libro, «Cerebro en llamas».
Pero había una pregunta que no la dejaba en paz: ¿cómo se distingue una enfermedad del cerebro de una enfermedad del alma, y por qué a unos enfermos se les compadece y a otros se les teme? Buscando la respuesta, Cahalan dio con un famoso experimento de 1973 que parecía describir su propia historia. Unas personas sanas fingieron estar enfermas, y los médicos las creyeron.
Al principio solo quería contar la historia de los protagonistas de ese experimento. Pero acabó haciendo una investigación de varios años y descubrió que el relato del famoso experimento no cuadra con los documentos. Este libro trata de cómo un solo artículo cambió la psiquiatría, de lo que resultó falso en él y de lo que, aun así, sigue siendo cierto.
Tres palabras que abrieron las puertas de los hospitales
En enero de 1973, la revista Science publicó el artículo «Estar cuerdo en lugares insanos». Su autor, David Rosenhan, profesor de psicología y derecho de la Universidad de Stanford, describía un experimento audaz. Ocho personas sin ninguna enfermedad mental acudieron a hospitales psiquiátricos. Según Rosenhan, entre ellas había tres psicólogos, un pediatra, un psiquiatra, una pintora, un ama de casa y un estudiante de doctorado en psicología.
Todos se quejaban de lo mismo: oían una voz que decía las palabras «golpe sordo», «vacío» y «hueco». Solo se les permitía inventar el nombre y la profesión. A los ocho los ingresaron. A siete les diagnosticaron esquizofrenia, y a uno, psicosis maníaco-depresiva.
Tras el ingreso, estas personas, a las que Rosenhan llamó pseudopacientes, se comportaban con total normalidad y decían que las voces habían desaparecido. Pero salir no fue fácil. En doce hospitales de cinco estados pasaron entre siete y cincuenta y dos días, diecinueve de media. A casi todos les dieron el alta con el diagnóstico de «esquizofrenia en remisión». La remisión significa que la enfermedad no ha desaparecido, solo se ha calmado.
La idea venía de lejos. En 1887, la periodista Nellie Bly se hizo pasar por enferma y entró en el manicomio de la isla Blackwell, en Nueva York, para contar lo que pasaba allí. Cahalan, periodista ella misma, coloca a Rosenhan en esa tradición: alguien de incógnito entra donde no se deja pasar a los extraños.
Sobre el autor
Susannah Cahalan es una periodista estadounidense, antigua reportera del New York Post. En 2009 sufrió una encefalitis autoinmune y lo contó en el superventas «Cerebro en llamas».
Leer en Livria