La vida secreta de los árboles. Descubre su mundo oculto: qué sienten, qué comunican
Peter Wohlleben, 2015
¿Cómo vivió varios siglos un tocón sin una sola hoja, y por qué la jirafa come acacias caminando contra el viento? Durante muchos años, el guardabosques Peter Wohlleben solo vio madera en los árboles, hasta que descubrió en el bosque una comunidad. En su libro, los árboles comparten azúcar, se avisan unos a otros del peligro y crían despacio a sus hijos a la sombra. Después de leerlo, un paseo normal por el bosque te parecerá algo muy distinto.
Para quién es
Para quienes disfrutan paseando por el bosque y quieren entender lo que pasa allí. Y para quienes plantan árboles en el jardín, en el patio o en su casa de campo.
Si en el próximo paseo por el bosque se oye un leve chasquido, quizá no sea solo el viento…
Piedras que resultaron ser un árbol
Un guardabosques caminaba por un viejo hayedo y vio unas piedras extrañas cubiertas de musgo. Eran curvas, con hendiduras, y formaban un círculo de un metro y medio de ancho, más o menos. Levantó el musgo y debajo vio corteza. No eran piedras, sino los restos de un tocón enorme. El árbol lo habían talado hacía 400 o 500 años como muy tarde. El guardabosques raspó la corteza con una navaja y vio una capa verde. El tocón estaba vivo.
Este guardabosques se llama Peter Wohlleben y lleva muchos años trabajando en el bosque del pueblo alemán de Hümmel. Al principio, según cuenta él mismo, sabía de la vida de los árboles lo mismo que un carnicero sabe de los sentimientos de los animales. Cada día valoraba cientos de troncos por un solo criterio: cuánto valía su madera. Su mirada cambió cuando empezó a guiar a turistas por el bosque. Los árboles torcidos y llenos de nudos, que él consideraba inútiles, entusiasmaban a sus visitantes.
¿Cómo vivió el tocón tantos siglos? No tiene hojas, y sin hojas no hay fotosíntesis. Así se llama la forma en que una planta fabrica su alimento: con luz, agua y aire obtiene azúcar. La respuesta de Wohlleben: al tocón lo alimentaban sus vecinas. Las hayas de alrededor le pasaban por las raíces una solución de azúcar. De este hallazgo nació la idea principal del libro: el bosque no es un almacén de troncos, sino una comunidad en la que los árboles se cuidan unos a otros.
Wohlleben habla de los árboles como si fueran personas: tienen amigos, madres, escuela y niños de la calle. Los científicos discuten a menudo con él, y al final diremos sobre qué exactamente. Pero primero miremos bajo tierra, allí donde los árboles se sostienen unos a otros.
Un árbol es tan fuerte como el bosque
Los dueños de jardines preguntan a menudo a Wohlleben si sus árboles no están demasiado juntos. Les parece que los vecinos se quitan unos a otros la luz y el agua. Lo mismo se piensa en la silvicultura. Cada pocos años, los guardabosques talan una parte de los troncos para que los demás tengan más espacio y ganen grosor más rápido.
Entre árboles de especies distintas es cierto: compiten de verdad por la luz y el agua. Pero con los árboles de una misma especie, según el autor, todo es diferente. Vanessa Bursche, de la ciudad alemana de Aquisgrán, estudió hayedos que nadie había tocado. El suelo en ellos cambia de un sitio a otro: aquí es pedregoso, allí es rico y húmedo. Y aun así, cada haya, gruesa o delgada, producía la misma cantidad de azúcar por hoja. Todo indica que los árboles compartían el azúcar bajo tierra, a través de las raíces. Quien tiene mucho, da, y quien pasa hambre recibe ayuda. Unos científicos de la ciudad de Lübeck descubrieron algo más: un hayedo donde los árboles están juntos crece más que uno aclarado.
¿Por qué un árbol iba a alimentar a su vecino? Un solo árbol todavía no es un bosque. Cuando un vecino muere, se abre un hueco en las copas. Por él entra el viento, y el calor del verano llega hasta el suelo y lo reseca. Las copas cerradas guardan dentro el fresco y la humedad, igual que un tejado guarda el calor en una casa. Por eso hasta el árbol fuerte necesita al vecino débil: el fuerte también enferma a veces, y entonces es él quien espera ayuda.
El autor lo comprobó con un error propio. En sus primeros años de trabajo mandó anillar varias hayas jóvenes, es decir, cortarles la corteza en un anillo alrededor del tronco para que se secaran. Sin corteza, el azúcar de las hojas no llega a las raíces, y las raíces mueren de hambre. Pero una parte de las hayas sobrevivió y sigue viva hoy. Wohlleben cree que sus raíces recibían alimento de las vecinas sanas. Todavía hoy siente un poco de vergüenza cuando ve esos árboles.
Esta ayuda, según lo que ha observado el autor, se da sobre todo en los bosques naturales. Mira hacia arriba en un hayedo viejo. Un árbol normal extiende sus ramas en todas direcciones hasta toparse con un vecino. En cambio, dos árboles amigos no echan ramas gruesas el uno hacia el otro y abren sus copas hacia fuera. A veces estas parejas también mueren juntas.
Sobre el autor
Peter Wohlleben es un guardabosques alemán del pueblo de Hümmel, en los montes Eifel. «La vida secreta de los árboles» fue un éxito de ventas en Alemania y se ha traducido a muchísimos idiomas.
Todos los libros del autor: Peter Wohlleben
Conceptos del libro
- Gotinga
- Fotosíntesis: La forma en que una planta fabrica su propio alimento: en las hojas verdes, la luz, el agua y el dióxido de carbono se convierten en azúcar, y al aire sale oxígeno.
- Hümmel: Un pueblo pequeño de los montes Eifel, en el oeste de Alemania. Su municipio es dueño del bosque en el que Peter Wohlleben trabaja desde hace muchos años.
- Bursche: Vanessa Bursche, investigadora de la Universidad Técnica de Renania-Westfalia en Aquisgrán. Estudió cuánto azúcar producen las hayas en los hayedos que nadie ha tocado.
- Aquisgrán: Ciudad del oeste de Alemania. Científicos y estudiantes de su universidad técnica investigaron durante muchos años en el bosque de Wohlleben.
- Lübeck: Ciudad del norte de Alemania. De allí son los investigadores que compararon el crecimiento de los hayedos densos y de los hayedos aclarados.
- Anillar: Cortar la corteza de un árbol en forma de anillo alrededor del tronco. Así los guardabosques hacen que un árbol se seque en pie, sin talarlo.
- Etileno: Un gas sencillo que liberan las plantas. Según el libro, la acacia mordisqueada lo suelta al aire y así avisa del peligro a las acacias vecinas.
- Hifas: Los hilos finísimos que forman el cuerpo de un hongo. Bajo tierra se entrelazan en una red densa que se llama micelio.
- Micorriza: La unión de un hongo con las raíces de una planta. Los hilos del hongo envuelven las puntas de las raíces y crecen dentro de ellas: el hongo ayuda al árbol a conseguir agua y alimento, y a cambio recibe azúcar.
- Bonsái: El arte japonés de cultivar árboles enanos en una maceta. También se llama así al propio arbolito, de copa baja y plana.
- Secuoyas gigantes: Enormes coníferas de la costa oeste de Norteamérica. Allí llegan sin problema al doble de 50 metros, pero en los parques europeos ninguna ha pasado todavía de 50.
- Bochum: Ciudad del oeste de Alemania. Su Universidad del Ruhr hizo un gran estudio sobre por qué las raíces de los árboles se meten en las tuberías del alcantarillado.
- Humus: La capa oscura y fértil del suelo. Se forma con los restos de plantas y animales que han transformado los hongos, las bacterias y los pequeños animales del suelo.
Todos los conceptos
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