Enfermedades nerviosas: su causa y su cura
Boris Sidis, 1922
El corazón se acelera, los pensamientos se enredan y parece que algo va mal en el cuerpo. El psicólogo y médico Boris Sidis afirmaba ya en 1922 que detrás de muchas desgracias «nerviosas» hay un miedo a uno mismo que perdió la medida. Descubrirás cómo ese miedo crece a partir de los sustos de la infancia, por qué salta de un motivo a otro y qué, según Sidis, se le puede oponer.
Para quién es
Para quien le agota la ansiedad por la salud y el futuro, para quien nota que sus miedos se suceden unos a otros y para quien le interesa la historia de la psicología.
El instinto de miedo es el último en dormirse y el primero en despertar.
Una comida después de la que dio miedo vivir
En enero de 1911, un empleado de una tintorería de veinte años almuerza en un restaurante. Durante cinco años había trabajado entre quince y dieciocho horas al día y por las noches salía con amigos. De pronto le sube la sangre a la cabeza, le llegan debilidad y temblores, y en la calle se le doblan las rodillas. Lo llevan a la tienda de su padre y allí se desploma. En el hospital, el médico de guardia lo llama indigestión aguda.
Desde ese día, como contó después, empezó la verdadera desgracia. Ya no teme a la comida, sino a los nuevos ataques: teme salir de casa, teme acostarse, teme vivir y teme morir. Más tarde su historia la registró Boris Sidis, psicólogo y médico que durante veinticinco años trató a personas con las llamadas enfermedades nerviosas.
En 1922, Sidis publicó un libro de divulgación sobre lo que, a su juicio, hay detrás de esas desgracias. No son los nervios débiles, ni la mala herencia, ni los deseos reprimidos de los que escribía Sigmund Freud, sino una fuerza antigua: el miedo, detrás del cual está el instinto de autoconservación. A la neurosis la llamaba la enfermedad del miedo a uno mismo.
Es una mirada de médico de principios del siglo pasado, no la medicina actual, y Sidis discutía con dureza, a veces con brusquedad. Pero su idea principal es fácil de comprobar en uno mismo: el miedo que debería proteger la vida aprende a crecer y a apoderarse de ella. A continuación verás cuándo el miedo ayuda y cuándo paraliza, cómo un susto de la infancia da brotes treinta años después y qué, según Sidis, devuelve a la persona sus fuerzas.
El guardián que se duerme el último
Sidis describe una escena que conocen quienes viven en las grandes ciudades: ante un peligro repentino, la persona nerviosa se queda quieta en mitad de la calle y no puede dar ni un paso. Sacar a vacas y caballos de un establo en llamas también es difícil: el miedo los deja rígidos y mueren en el humo. El sentimiento que debería salvar, aquí mata.
Para entender cómo es posible, Sidis parte de la base de todo ser vivo. Desde el microbio hasta el ser humano, cada criatura se aferra a una sola cosa: conservar su vida. Esto es el instinto de autoconservación, y en los animales superiores su lado defensivo se manifiesta como miedo. Sidis llama al miedo el guardián de todo lo vivo: se duerme el último, despierta el primero y nos sigue como una sombra.
Según Sidis, el miedo tiene tres grados.
• Impulsor. Un miedo leve detiene lo que se está haciendo y dirige la atención hacia un ruido o un olor nuevo. Las fuerzas se reúnen para huir o para luchar. Es normal y tan necesario como el hambre y la sed; la falta de ese miedo le parecía a Sidis más bien una enfermedad.
• Inhibidor. Tiemblan las manos, se acelera la respiración, se enredan los pensamientos y falla la memoria. El control todavía puede recuperarse, a veces incluso con un nuevo impulso de fuerzas, pero las oportunidades son menores.
• Paralizante. El cuerpo se queda rígido, como el animalillo que finge estar muerto. Aquí el miedo ya no protege, sino que conduce a la muerte.
La conclusión principal Sidis la toma de los antiguos: como enseñaba Platón, la persona debe saber de qué tiene que temer y de qué no. La tarea no consiste en no tener miedo en absoluto. Consiste en notar en qué grado está tu miedo: si te reúne para actuar o si ya te ata de pies y manos.
Sobre el autor
Boris Sidis (1867–1923) fue un psicólogo y médico estadounidense nacido en el Imperio ruso. Estudió la sugestión, el sueño y el subconsciente, y dirigió su propia clínica psicoterapéutica en Portsmouth, Nuevo Hampshire.
Todos los libros del autor: Boris Sidis
Conceptos del libro
- cronómetro
- Freud
- Platón
- eugenesia
- James
- Pericles
- neurosis: Antiguo nombre común de los trastornos en los que la persona sufre ansiedad, miedos o molestias corporales sin daño en los órganos. Sidis entendía la neurosis como una enfermedad del miedo a uno mismo; la medicina actual usa otras clasificaciones.
- instinto de autoconservación: Impulso innato de un ser vivo a conservar su propia vida. Para Sidis es la base de todo lo vivo, y el miedo es su lado defensivo.
- rabia: Enfermedad viral mortal que se transmite por las mordeduras de animales infectados, sobre todo de perros. Antiguamente se la llamaba hidrofobia.
- tuberculosis: Enfermedad infecciosa que afecta sobre todo a los pulmones; antes se la llamaba tisis. También se podía contraer por la leche cruda de vacas enfermas.
- tifus: Aquí, la fiebre tifoidea, una infección intestinal que a comienzos del siglo XX se contraía a menudo por el agua y por moluscos crudos.
- sífilis: Enfermedad infecciosa que se transmite sobre todo por contacto sexual. Hasta la llegada de los antibióticos se trataba durante mucho tiempo y con dureza, y provocaba un fuerte temor.
- dermatólogo: Médico que trata las enfermedades de la piel y de las mucosas.
- Lengua geográfica: Rasgo inofensivo de la lengua: aparecen manchas rojas lisas con borde blanco, parecidas a los continentes de un mapa. Las manchas cambian de forma y de lugar.
- neofobia: Miedo a lo nuevo. En Sidis es uno de los rasgos principales de la persona dominada por el miedo a uno mismo.
- cura de reposo: Método de finales del siglo XIX propuesto por el médico estadounidense Silas Weir Mitchell: reposo prolongado en cama, alimentación reforzada y aislamiento. Sidis lo consideraba perjudicial para sus pacientes.
- energía de reserva: Concepto de Sidis y James: la persona suele usar solo una pequeña parte de sus fuerzas, y el resto se guarda para los momentos difíciles. Es una hipótesis suya, no una magnitud medida.
- Romanes: George John Romanes (1848–1894), naturalista británico, amigo de Charles Darwin, que estudió la mente de los animales.
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